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Texto base: Juan 4:13-14
«Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.»
Introducción
Todos los seres humanos buscamos satisfacción. Algunos la buscan en el trabajo, otros en las relaciones, en los logros, en el dinero o en los placeres temporales. Sin embargo, tarde o temprano descubrimos que nada de eso logra llenar completamente el vacÃo del corazón.
La historia de la mujer samaritana nos recuerda que existe una sed espiritual que solo puede ser satisfecha por Jesús. Él sigue buscando a personas quebrantadas, heridas y necesitadas para ofrecerles el agua viva que transforma la vida para siempre.
Jesús nos encuentra donde estamos
La mujer samaritana no estaba buscando a Jesús; sin embargo, Jesús fue quien la buscó a ella.
A pesar de su pasado, de sus errores y del rechazo que experimentaba, el Señor decidió encontrarse con ella junto al pozo. Jesús rompió barreras culturales, sociales y religiosas para llegar a su corazón.
De la misma manera, Dios nos encuentra donde estamos, no donde deberÃamos estar. No espera que primero arreglemos nuestra vida para acercarnos a Él. Nos recibe con amor y comienza una obra transformadora en nuestro interior.
VersÃculo de apoyo: Lucas 19:10
«Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se habÃa perdido.»
Solo Jesús puede satisfacer nuestra sed espiritual
La mujer llegó al pozo buscando agua fÃsica, pero Jesús le mostró que existÃa una necesidad mucho más profunda.
Muchas veces intentamos llenar nuestro corazón con cosas temporales, pero seguimos sintiendo vacÃo. Los logros pasan, las emociones cambian y las circunstancias son inestables.
Jesús ofrece algo diferente: agua viva.
Su presencia, su EspÃritu y su amor producen una satisfacción que el mundo no puede dar. Cuando permanecemos cerca de Él, encontramos paz, propósito y plenitud.
VersÃculo de apoyo: IsaÃas 55:1
«A todos los sedientos: Venid a las aguas.»
Un encuentro con Jesús cambia nuestra identidad y propósito
Después de encontrarse con Cristo, la mujer samaritana ya no fue la misma. Dejó su cántaro y corrió a compartir con otros lo que habÃa experimentado.
Aquello que antes le producÃa vergüenza se convirtió en un testimonio del poder transformador de Dios.
Cuando Jesús entra en nuestra vida, no solo perdona nuestro pasado, sino que también nos da una nueva identidad y un nuevo propósito. Nos convierte en testigos de su gracia para que otros puedan conocerlo.
VersÃculo de apoyo: 2 Corintios 5:17
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquà todas son hechas nuevas.»
Oración
Señor Jesús, reconozco que muchas veces he buscado satisfacción en cosas temporales. Hoy vengo a Ti porque solo Tú puedes llenar mi corazón. Dame de tu agua viva, renueva mi espÃritu y transforma mi vida. Ayúdame a dejar atrás todo aquello que me aleja de Ti y a caminar en el propósito que has preparado para mÃ. En el nombre de Jesús. Amén.
Atentamente, Pastor Guillermo Ayala


