Texto base: Salmo 115:1-18
Tiempo de lectura: 6–8 minutos
Introducción
Vivimos en un mundo donde todo cambia constantemente: las opiniones, las circunstancias y las tendencias. Sin embargo, hay una verdad que permanece firme para siempre: Dios es soberano.
Conocer esta verdad no solo fortalece nuestra fe, sino que también nos da estabilidad en medio de cualquier situación. Cuando entendemos quién es Dios, aprendemos a confiar en Él de manera completa.
Dios es el Campeón Supremo
En la vida, vemos cómo las personas compiten por ser las mejores. En el deporte, en el trabajo y en muchas áreas, siempre hay debates sobre quién es el más grande. Pero hay una realidad que no admite discusión: Dios nunca ha perdido una batalla.
Salmo 115:3 declara que Dios está en los cielos y hace lo que le place. Esto significa que no hay circunstancia que lo supere ni situación que esté fuera de su control.
Si Dios nunca ha sido derrotado, entonces podemos confiar en que también tiene el control de nuestras batallas.
Su soberanía es por esencia, no por título
Dios no es soberano porque alguien lo eligió o porque ocupa una posición. Él es soberano por su naturaleza. Es parte de quién Él es.
A diferencia del ser humano, Dios no cambia, no mejora ni se debilita. Él es perfecto, eterno e inmutable. Su autoridad no le fue dada, siempre ha sido suya.
Por eso, cuando confiamos en Dios, no estamos confiando en algo temporal, sino en alguien eterno y firme.
Dios hace lo que Él quiere
Isaías 46:10 enseña que Dios cumple todos sus propósitos y hace todo lo que quiere. Esto puede ser difícil de aceptar, porque muchas veces queremos que Dios actúe según nuestra voluntad.
Sin embargo, la verdadera fe consiste en rendirnos a su voluntad y reconocer que sus planes son mejores que los nuestros.
Dios no improvisa ni comete errores. Todo lo que hace tiene un propósito perfecto, aun cuando nosotros no lo entendamos en el momento.
Su soberanía no lo aleja de nosotros
Podríamos pensar que, por ser tan grande y poderoso, Dios está distante. Pero la verdad es lo contrario.
Salmo 115:9 nos recuerda que Él es nuestro ayudador y nuestro escudo. Dios está cerca de aquellos que lo buscan y confían en Él.
Su soberanía no lo hace inaccesible, sino confiable. Podemos acudir a Él en todo momento, sabiendo que escucha y responde.
Dios es soberano, eterno y perfecto. Él nunca ha perdido una batalla y nunca lo hará.
Por eso, podemos confiar plenamente en Él, sin importar las circunstancias que enfrentemos. Nuestra seguridad no está en lo que vemos, sino en quién gobierna sobre todo.
Oración
Señor, reconozco que Tú eres soberano sobre todas las cosas.
Hoy decido confiar en tu voluntad y descansar en tu poder.
Ayúdame a vivir con fe, sabiendo que Tú tienes el control de mi vida.
En el nombre de Jesús. Amén.
Atentamente, Guillermo Ayala


